Confederación Argentina de Básquetbol

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29/04/2006 - CABB

la historia Argentina en los mundiales (i)

A partir de abril la revista especializada Básquet Plus publica una valiosa serie de notas mensuales en las que revisa la historia de la Argentina en los Campeonatos Mundiales desde 1950. En primera entrega se recordó la euforia del inolvidable y glorioso título en 1950 y el fracaso de Santiago de Chile en 1959.

LA GLORIA Y EL FRACASO, TODO TUVO SU MOTIVO

Repasar la historia de la selección argentina de básquetbol nos expone a un ir y venir incesante por todas las alternativas posibles. La gloria y el fracaso, la indiferencia o la sobreexigencia, el elogio y la condena, la planificación y el desorden aparecen cíclicamente si se ausculta lo que sucedió desde el Sudamericano de 1930 hasta el Premundial del año pasado. El apartado de sus participaciones mundialistas queda encerrado en la regla general.

Ser una potencia internacional no es un status que la selección argentina haya disfrutado recién en estos últimos años. Hace poco más de medio siglo atrás también era un equipo de élite, reconocido y respetado a partir de los logros y el nivel de juego alcanzado. Pero también conoció lo otro, la decadencia y más tarde el no trascender. Y lo que es peor, más doloroso, es que muchas veces fue el resultado de miserias y equivocaciones internas.

Pero hubo un tiempo, mucho antes que este, que también fue hermoso. Fue en la década del 50, cuando Argentina dibujó su geografía en el mapa basquetbolístico del mundo por la prepotencia de su calidad y esfuerzo. La conquista del primer Campeonato Mundial ya está instalada en lo más selecto de la historia deportiva del país, es un mojón inevitable. Una referencia que guió durante años el camino del ejemplo a seguir. La demostración, para propios y extraños, de lo que se es posible cuando se une el talento al trabajo esforzado.
De cómo llegó Argentina al título mundial lo repararemos más adelante. Antes merece contarse cómo llegó el torneo a la Argentina.

Los Juegos Olímpicos de Londres en 1948 entusiasmaron al hombre poderoso de la FIBA, el secretario general William Jones, por la cantidad de selecciones participantes (23) y el nivel deportivo, lo que señalaba al básquetbol como una disciplina consolidada. Allí mismo el Congreso de la FIBA aprobó el proyecto de un Campeonato Mundial. El siguiente paso, nada sencillo, era definir al organizador.

La Europa de posguerra ofrecía países en reconstrucción con otras prioridades, mientras que a Estados Unidos no le atraían estas competencias. Entonces Sudamérica aparecía como lo más potable y Argentina el lugar ideal. ¿Con qué méritos? Al menos tres muy claros. Argentina había sido uno de los fundadores de la FIBA, por lo que su imagen política era buena. Además contaba con un buen equipo, que había deslumbrado a muchos en Londres’48, cuando cerca estuvo de vencer a Estados Unidos. Pero sobre todo hubo una decisión política, ya que el país atravesaba un momento prolífico de su economía. Esto encajaba perfecto con los planes del gobierno de Juan Domingo Perón, de marcado apoyo a las disciplinas deportivas de alto nivel. Los festejos del centenario de la muerte del General San Martín fueron el argumento que sostuvo el pedido oficial y el que convirtió a nuestro país en la primera sede mundialista, con el Luna Park como escenario.

SUBTITULO: BUENOS AIRES, 1950

A partir de ahí se empezó a forjar el mito, la leyenda de ese gran equipo. Está dicho que ya dos años antes los argentinos habían demostrado su talento y todos coincidían en que si a eso se le sumaba una gran preparación se estaba a la misma altura de los mejores. Como entrenador se ratificó a Jorge Canavesi, quien había estado en el alentador pasaje por Londres’48, pero también en el deslucido cuarto puesto del Sudamericano de 1949. Como asistente se nombró a Casimiro González Trilla, al que los propios jugadores no se cansaban de reconocer, y como preparador físico a Jorge Boreau, al que también se le atribuyen méritos.

La preselección, en la que no hubo distinciones de clubes o provincias, concentró durante dos meses exactos en las instalaciones de River. La dedicación fue exclusiva. Los mismos jugadores que en esa época entrenaban dos veces por semana a la noche, luego de cumplir con sus trabajos, pasaron a entrenar todos los días y en doble turno, toda una novedad para la época. Dicen que aquellos entrenamientos incluían largas sesiones de lanzamientos, algo tampoco habitual, y cuentan los que fueron testigos que llegó a ser asombrosa la efectividad mostrada por los jugadores.

Para poder cumplir con este proyecto el gobierno colaboró gestionando permisos de trabajo o estudios o en algunos casos concediendo trabajos en la administración pública. “Hoy se habla de hacer una preparación planificada para cualquier torneo y cumplirla con profesionalismo. En aquel entonces se pudo hacer sin que los jugadores ni los entrenadores cobraran un solo peso”, destaca Canavesi.

El equipo se desarrollaba a partir del talento y la inteligencia de Oscar Furlong, un pivote atípico que no jugaba estacionado y pasaba maravillosamente el balón. El otro hombre desequilibrante era Ricardo González, ideal para definir en contraataque. Después acompañaban Leopoldo Contarbio y Juan Carlos Uder con su potencia, Raúl Pérez Varela y Roberto Viau (18 años!!) en la conducción, entre otros. Esa generación fue producto de su propia capacidad de cambio y crecimiento. Furlong confiesa que “cada vez que alguien viajaba a Estados Unidos le pedíamos que comprara revistas o libros de básquetbol. Ahí, por las fotos o los diagramas veíamos que ellos jugaban en toda la cancha, mientras nosotros acá jugábamos más estáticos. Los backs (guardias) jugaban solo en defensa y los delanteros (aleros y pivote) tenían pocos desplazamientos. Así fuimos cambiando, hicimos que los petisos corrieran el contrataque y los grandes reboteáramos y participáramos del juego colectivo. Eso nos permitió poder competir contra cualquiera”.

A la hora de disputarse el Mundial Argentina arrasó con todos sus rivales. Primero fue Francia en la ronda preliminar. En la etapa final solo Brasil, ante el que se levantó una desventaja de 12 puntos, le opuso resistencia. El resto, Chile, nuevamente Francia y Egipto (campeón de Europa) cayó por un promedio de 26 puntos de diferencia, lo que demuestra el poderío argentino.
Entonces llegó la gran final ante Estados Unidos, con un triunfo categórico por 64-50 sobre los creadores de este deporte.

Es inevitable que allí la historia se desgrane entre mitos y leyendas. Como aquella de la concurrencia récord de público, con una recaudación espectacular de 203.160 pesos. O la que dice que jugaron un tiempo con la pelota de los yanquis y otro con la argentina y que en ambos períodos ganaron los nuestros. O que en medio de los festejos, la reacción espontánea y popular fue la de público y jugadores cantando el himno nacional en el medio de la cancha. También esa que se bautizó como “La noche de las antorchas”, porque gran parte del público se desconcentró llevando diarios encendidos que le pusieron luz al festejo, mientras una caravana interminable acompañó a de los campeones de regreso a la concentración en River.

Después, el equipo tuvo su festejo reducido y un premio inesperado. “Estábamos cenando en el restaurante Tropezón y aparece el propio Perón para felicitarnos. Nos dijo que nosotros habíamos hecho por el país más que 100 embajadores”, rememora el Negro González, el gran capitán de ese equipo.

¿Cómo jugaba Argentina? Lo explica Furlong: “Presionábamos en defensa y con algunos contraataques sacábamos 4 ó 6 puntos de ventaja. Entonces, parábamos y reteníamos la pelota, porque no existían todavía los 30 segundos de posesión. Nos abríamos bien para que nos vinieran a buscar y con espacios podíamos penetrar”.

¿Cómo jugaba Furlong, el mejor del torneo? Lo deja en claro González: “Era el Maradona de la época, el mejor. Respondía siempre y tenía un gran ascendente sobre el equipo. Metía puntos, reboteaba y pasaba. Entendía el juego como nadie y encima no era egoísta. A mí me hacía hacer muchos puntos de contraataque”.

Aquella conquista mundialista no solo puso a la Argentina en lo más alto del básquetbol mundial. También contribuyó hacia adentro a difundir este deporte, sobre todo desperdigando la pasión por él en el interior del país. “Tal vez a esa conquista se le fue dando más trascendencia con el correr de los años. Nosotros no jugamos para ser campeones mundiales. Jugamos porque nos gustaba el básquetbol. Es cierto que le dimos una linda alegría a la gente, pero el Mundial no tenía la difusión que tiene hoy. Yo sé que estuve entre los mejores, pero no era una estrella”, repasa Furlong, el hombre con el que más se identifica aquella hazaña.

Aunque a él le cuesta aceptarlo, esos jugadores se volvieron ídolos de muchos y pasaron a ser el espejo ideal, por método y resultado, en el cual pudieron reflejarse los que vinieron detrás.
Esa brillante generación siguió ofreciéndole alegrías al deporte argentino y recogiendo elogios. Lo que jamás imaginaron sus protagonistas fue que años más tarde la mezquindad política y su revanchismo les iba a pagar semejante esfuerzo con el oprobio.

Partido final: Argentina 64-Estados Unidos 50
Fecha: 3 de noviembre de 1950.
Argentina (64): Viau 2, González 7, Uder 1, Furlong 20 y Contarbio 8 (fi) Bustos 1, Del Vecchio 14, Pérez Varela 4, Menini 7, Monza 0 y López 0. Entrenador: J. Canavesi.
EE.UU. (50): Slocum 8, Langdom 6, Stanich 11, Reese 3, Kahler 5, Metzger 3, Parks 2, Jaquet 2, Fisher 0, Haffley 6 y Williams 4. Entrenador: Gordon Carpenter.
Primer tiempo: Argentina 34-24. Estadio: Luna Park.

Resultados:
Ronda preliminar
Argentina 56-Francia 40
Ronda final
Argentina 40-Brasil 35
Argentina 62-Chile 41
Argentina 66-Francia 41
Argentina 68-Egipto 33
Argentina 64-USA 50 (final)

Posiciones finales
1- Argentina (5-0)
2 – Estados Unidos (4-1)
3 - Chile (2-3)
4 - Brasil (2-3)
5 - Egipto (2-3)
6 - Francia (0-5)
7 - Perú (3-0)
8 - Ecuador (2-1)
9 - España (1-2)
10 - Yugoslavia (0-3)

SANTIAGO DE CHILE, 1959

Para reseñar la participación argentina en el Mundial de Chile en 1959 se debe antes poner en contexto la realidad de nuestro básquetbol. Al título Mundial se le había sumado en el 51 la medalla de plata en los Juegos Panamericanos, la brillante actuación en los Juegos Olímpicos de 1952 (cuarto puesto) y al año siguiente la conquista del Mundial Universitario. Sin embargo, cuestiones políticas coartaron la proyección de esa brillante generación, ya que Argentina decidió no participar del Sudamericano de Montevideo en 1953 por la mala relación diplomática con Uruguay, idéntico motivo por el que no se concurrió a defender el título mundial a Brasil en 1954. Tras la fantástica medalla de plata en los Juegos Panamericanos de México en 1955, con victoria sobre Estados Unidos incluida, llegaría el derrumbe internacional de la selección argentina, que en el Mundial de 1959 quedaría nítidamente expuesto.

Cuando llegó el tercer Mundial de la historia, el básquetbol criollo todavía vestía luto y lloraba el genocidio deportivo provocado por los sicarios de la dictadura militar dos años antes. Los campeones mundiales del 50 eran uno de los símbolos más relevantes de los logros deportivos alcanzados durante el gobierno de Juan Domingo Perón, los que la dictadura intentó ensuciar o directamente borrar. La comisión interventora de la CABB, encabezada por el nefasto Amador Barros Hurtado, con el consentimiento, entre otros, de Luis Martín, dirigente de sólida relación con la FIBA, degolló a la élite del básquetbol argentino al suspender de por vida a un grupo de sus mejores jugadores, acusándolos de violar el Estatuto del Deportista Aficionado y considerarlos profesionales. La CABB le facilitó gustosamente el trabajo sucio al poder político y mediante rebuscadas y absurdas causas los suspendió de forma provisoria el 8 de enero de 1957. Tras el visto bueno del Gobierno a través de la Confederación Argentina de Deportes, oficializó la perversa medida el 27 de marzo. Entonces jugadores de entre 27 y 29 años como Furlong, Viau, Uder, Monza o Del Vecchio dejaron un espacio imposible de llenar para el seleccionado. El alcance del desastre cometido no tardaría en comprobarse: con un plantel nuevo, joven e inexperto Argentina terminó cuarta en el Sudamericano de Chile en 1958…
7:26 PM 4/27/2007

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