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“Ni siquiera creía que me iban a llamar para la Preselección”

Tayavek Gallizzi pasó por “La entrevista de la semana” y se prendió a una charla profunda y con total sinceridad. Sus sensaciones por quedar entre los 12 para disputar la AmeriCup, la tristeza de no llegar a los Juegos Olímpicos de Río 2016 y cómo cambió su mentalidad para mejorar, la incorporación de los hábitos, su visión como jugador, la situación de una Argentina renovada, el inicio del torneo y una definición: “No me gusta que me subestimen ni me tomen como alguien inferior”.

-¿Qué significa haber quedado entre los 12 para la AmeriCup?
-Estoy muy contento, y también un poco sorprendido. El año pasado me había tocado estar afuera, y este año me había propuesto aprovechar al máximo todo lo que la Selección me brinda, ya sea desde mis compañeros, el cuerpo técnico, médico, los hábitos. Ese hambre de aprovechar todo y querer estar me llevaron a ganarme un lugar.

-¿Cómo te impactó lo de Río 2016 en su momento?
-Me puse muy triste cuando quedé afuera. Pero Roberto Acuña estaba mucho mejor, y la posición estaba peleada entre nosotros. Me tocó quedar afuera y entiendo que Argentina tiene que ir con el mejor equipo que pueda armar, y evidentemente yo no estaba a la altura. Obvio que me hubiese gustado estar, unos Juegos Olímpicos son algo grandioso y que me encantarían jugar en algún momento. Pero bueno, en ese momento me puse mal, y justamente por eso me propuse hacer algo distinto en esta concentración, en el sentido de sacarle provecho a todo. Quizá, tras aquella preselección de Río pensé que el esfuerzo que le puse no había servido de nada, y me terminó afectando. Pero esta vez cambié la cabeza, me propuse sacarle provecho para dar un paso adelante como jugador, sin sentir que nada servía, pasara lo que pasara. Debía tomar las cosas buenas.

-Entonces, más allá de tu determinación lógica de quedar entre los 12, venías con otro enfoque incluso ante la chance de quedar afuera…
-Claro. Si esta vez no quedaba, por lo menos iba a aprovechar todos los aspectos de técnica, gimnasio… Iba a perfeccionarme a mí mismo, más allá de estar o no entre los 12. Siento que estoy dando un paso adelante. Y una vez adentro, estoy feliz por mantener este ritmo de entrenamientos, la dieta, para lograr que eso se convierta en un hábito y después llevarlo a mi temporada en la Liga Nacional. Quiero tomar todo lo bueno de la Selección y seguir por esa línea, porque sé que es el camino correcto y del que no me tengo que desvíar.

-¿Es muy difícil entender esa parte de incorporar los buenos hábitos que se inculcan en la Selección?
-Es un poco difícil. Cuesta cambiar el tema de la dieta, las harinas, el azúcar. O sea, los alimentos más ricos son en base a eso, y hay que tener mucha determinación y claro que hay que tomar otro rumbo, que comiendo mal no vas a rendir lo mismo, te va a afectar en tu juego. También el tema del gimnasio, de tenerlo todos los días. Cuando vas creciendo te vas haciendo un poco más independiente y tomás esas cosas buenas porque dependen de vos. Siendo chico cuesta más. Con lo del gimnasio es muy común que estemos esperando que el profesor venga y te diga que a tal hora hay pesas, y no es así, no debemos estar esperando eso. Es un cambio que tenemos que hacer. Hay que aprovechar más el tiempo para estas cosas.

-Imagino que para los que están en la Liga Nacional debe costar un poco más incorporar estos hábitos por lo larga y desgastante que es, ¿no?
-Sí. En su momento, después del Mundial 2014, yo me había mentalizado en aprovechar todos los ratos después de un viaje para conseguir un gimnasio o cancha para ir a tirar al aro. Pero no lo había tomado como un hábito. Traté de hacerlo, pero con el tiempo volví a lo que era antes, a los malos hábitos.

-¿Y qué cambió de un año a otro para ahora quedar en el equipo? El contexto parecía similar, con vos y Acuña peleando por un puesto de cierta manera…
-A principio de temporada en la Liga lo tuve a Silvio Santander como entrenador, quien me mostró -y yo también le mostré- que podía defender a cualquier tipo de jugador. Él creía en mí. Empezamos entrenando muy duro, y el sistema de juego también me hacía explotar más mi físico y piernas. Eso me ayudó a mejorar mucho defensivamente. Pero al mismo tiempo creo que tanto a Roberto como a mí nos afectó el hecho de no tener una buena temporada grupal, que nuestros equipos no hayan seguido en el torneo. El hecho de terminar mucho tiempo antes que otros jugadores nos afectó.

-¿Imaginabas que ahora ibas a estar en esta posición después de un cierre de temporada que fue bastante raro y complicado con Quimsa?
-Sinceramente, no. No lo creía. Había terminado con una muy mala temporada en todo sentido, individual y como equipo. La verdad es que ni siquiera creía que me iban a llamar para la preselección. Pero llegó y lo tomé con muchísima seriedad, y con muchas ganas de quedar.

-Decís que tuviste una temporada muy mala desde lo individual, e imagino que hiciste tu autocrítica. ¿Por qué la viste así?
-Porque por momentos me relajé. O, por ejemplo, el hecho de terminar antes de lo pensado me hizo querer despejar la cabeza y me llevó a tomarme unos días que creía necesarios, pero que no los podés tener si querés llegar bien a la Selección. Además, el grupo no estaba bien, y fuimos cargando una mochila de perder partidos y lo único que queríamos era descansar y que todo terminara. Y yo, cuando vi que la situación no se iba a revertir e íbamos a quedar afuera, tampoco me preocupé por pensar en mí y seguir yendo al gimnasio, por ejemplo. En ese sentido también estuve muy equivocado.

-Si hay que definirte como jugador, creo que todos van a coincidir en remarcar esas ganas, lucha, determinación y empuje. ¿Coincidís?
-Creo que sí. Cuando entro a la cancha, entro a quemar piernas y defender al que tenga que defender. Eso también me lleva a cometer errores, le meto mucha energía y quizá me paso de vueltas. Pero siempre trato de levantar y empujar a todos para adelante.

-¿De dónde nacen esas ganas y lucha, cuán importante considerás esa parte en un jugador? Algunos dicen que sirve para compensar al talento.
-Sí, un poco lo considero así. También nace del amor propio. Pero tiene que ver mucho el tema del talento. Yo soy muy limitado, soy consciente de eso. Pero al mismo tiempo trabajo para dejar de serlo, para tratar de ser otro tipo de jugador. Pero hay algo que no quiero ni me gusta regalar, que es la defensa. No me gusta que me hagan puntos, que mi hombre juegue tranquilo, ni que el equipo baje la intensidad si yo estoy en cancha.

-¿Es muy difícil ser un interno en Argentina? Siempre se remarca esa carencia.
-Es verdad, siempre se critica o dice eso. Ahora están apareciendo muchos jugadores altos. Pero nuestra posición es complicada en la Liga, siempre vienen extranjeros ahí. Algunos compañeros me cargaban y decían que era el pivote enano, porque era el más bajo de los internos. Es una realidad que nos falta altura en la posición, y hay que compensarla con otras cosas. No me gusta que me subestimen o me tomen como alguien inferior. En la defensa somos todos iguales.

-¿Cómo tomás esa parte de las críticas que decís?
-Cuando critican a un compañero, los ignoro porque realmente me enoja. La gente siempre lo mira desde afuera y critica atrás de un celular, una computadora o un teclado. Cuando se trata de algo mío, cada vez que me limitaron o pensaron que no podía hacer algo, traté de demostrar que podía. Muchas críticas me motivaban. Por ejemplo, a los entrenadores me gusta desafiarlos y subir la apuesta, demostrarles que sí puedo.

-Con interrupciones en el medio como en Río, pero vos empezaste a aparecer con el grueso del recambio, y hoy están ante su primera gran prueba casi en soledad. ¿En qué momento está el grupo de la renovación?
-Somos conscientes de que es nuestro momento. Lógicamente que nos falta mucho, pero estamos más maduros como equipo. Estamos reconociendo nuestros roles, y tomamos todo con muchísima seriedad. Creo que el grupo está muy bien, y los jugadores que irán apareciendo se adaptarán muy bien para que el equipo pueda dar un paso hacia adelante.

-Siempre se resalta que se necesita encontrar identidad. ¿Cómo está esa búsqueda, a qué se apunta?
-A tener la identidad que siempre tuvo Argentina. Que a pesar de la altura o las limitaciones que tengamos, hay que ser un equipo contundente, con la defensa a la máxima intensidad y atacando con un juego ordenado e inteligente. Es difícil decir qué equipo queremos, pero sí sabemos qué equipo no queremos ser. Entonces tratamos de corregir. Por ejemplo, yo sé que siendo pivote el juego va a pasar poco por mí, porque nuestro poder de gol hoy está en el perímetro. Entonces nuestro rol es dejarlos solos, ayudarlos.

-¿Y qué es eso que no quieren ser?
-No queremos ser un equipo que regale cosas, que se relaje defensivamente, ni que tenga individualidades que sólo se preocupen por uno mismo. Acá queremos evitar los egoísmos. Queremos estar comprometidos y sabiendo el rol que cumple cada uno adentro de la Selección.

-¿Qué viste del equipo en la preparación, y cómo pensás que se va a encarar la primera parte del torneo sin Scola?
-Estuvo claro que fuimos mejorando cosas poco a poco, sobre todo defensivamente, que es lo que resalto constantemente. Además era nuestra deuda después de los primeros partidos. Ofensivamente, los puntos van a llegar porque tenemos muchos perimetrales con capacidad de gol. En el Súper 4 mejoramos bastante atrás. Ahora estamos más comprometidos en ese sentido. Sabemos que si defendemos bien, nos damos mucha confianza para atacar. Y también por momentos al revés, si atacamos bien nos da más confianza para defender. Se notó cómo mejoramos en ese aspecto con el correr de los partidos.

-Hay dos grandes objetivos para este proceso, competir en el torneo pero a su vez desarrollar una camada y generarse hábitos. Ahora que se acerca el torneo, ¿cuánto más tentadora es la parte de los resultados?
-Obvio que nosotros queremos ganar. Para desarrollar cosas tuvimos los partidos amistosos, donde quizá no importaban tantos los resultados sino el hecho de buscar hacer bien las cosas. Estoy seguro de que si hacemos las cosas que nosotros queremos, atacando y defendiendo bien, los resultados nos van a favorecer, no tengo dudas. O sea, queremos ganar siempre. Aunque a veces una derrota te muestra dónde estás y lo que tenés que mejorar. Para eso tuvimos los amistosos. Ahora queremos ganar.

-En esa búsqueda de ganar, ¿cómo juega el hecho de ser locales? ¿Los presiona a buscar el título más allá del foco del desarrollo?
-Nosotros tenemos que tener como un arma a favor el hecho de que el torneo sea con nuestra gente. Estoy seguro de que en los momentos complicados, de cualquier partido, el aliento de la gente se va a sentir y nos va a motivar para dar vuelta cualquier resultado. Antes de eso debemos evitar que el rival nos vaya ganando, claro. Pero que tengamos el público a favor es importantísimo.

Leandro Fernández
@FernandezLea
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