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“Nadie quería que ganáramos después de lo que pasó”

Foto: LNB.com.ar.

Maxi Stanic y una charla a fondo en “La entrevista de la semana”. Balance del año con Olímpico en la Liga Nacional, el golpe psicológico del episodio violento en La Banda durante la serie contra San Martín, su mirada social del problema, las ganas de seguir a los 38 años, su cambio para seguir disfrutando, un análisis de los bases, su paso por la Selección a la sombra de la Generación Dorada y mucho más.

-Imagino que tuviste tiempo para hacer el balance de la temporada con Olímpico.
-Sí, el balance es positivo, aunque no altamente positivo como nos hubiese gustado. Nos quedamos a la puerta de la final de la Liga Sudamericana en la primera parte de la temporada, que fue un golpe muy duro. Ahí entramos en un bajón y después nos recuperamos, más allá de los problemas para conseguir los extranjeros y para amalgamar las piezas que Fernando (Duró, el entrenador) quería en el plantel. Terminamos jugando en gran nivel. Desde fines de febrero en adelante, el equipo hizo un muy buen básquet y terminamos haciendo unos buenos playoffs. Creo que el episodio que se dio en La Banda contra San Martín (NdeR: un grupo de violentos ingresó al entrenamiento del conjunto correntino y amenazó al plantel previo al juego 3 de la serie) fue un golpe psicológico muy duro que el equipo no pudo superar.

-La sensación es que estaban en su mejor momento de forma en la parte ideal del torneo, los playoffs, pero aquel momento en La Banda cambió todo. ¿Tanto los afectó?
-Después de quedar afuera de la Sudamericana y de aquel bajón, que incluyó quedar afuera del Súper 4, el objetivo grupal fue llegar bien a mayo, con ventaja de localía para ganar el primer cruce y después buscar la final de Conferencia. Eran los objetivos y pasos a seguir. Y creo que los habíamos hecho de manera correcta, llegamos al momento más importante en óptimas condiciones, jugando un gran básquet. Pero bueno. Cuando te pasa una situación de estas y se habla más de lo que pasó, de cosas extra y no del básquet en sí, a nosotros nos sacó de foco. Ellos, en cambio, se hicieron fuerte en la adversidad. Hay una realidad, nosotros en casa nos hacíamos muy fuertes, durante el año había sido muy difícil ganarnos. Es algo que nos descolocó y que psicológicamente no pudimos superar.

-¿Qué es eso que se habló de más o molestó?
-No digo que se habló de más, sino que no se hablaba de básquet y sí de la locura que ocurrió. Cuando encarás una serie así esperás que se hable de cómo juega Cantero el pick and roll, Wood el poste bajo y demás. Nosotros mismos en el vestuario hablábamos de un loco que sacó un arma y de lo que había pasado. Eso te saca de foco.

-¿Y por qué los afectó más a ustedes que a San Martín, que fue el que vivió lo peor?
-A mi me pasó estar del otro lado también. En un momento empezamos a ver las repercusiones y te dabas cuenta que nadie quería que ganáramos después de lo que pasó. Si te pasa lo que le pasó a San Martín, es lógico que todo el mundo del básquet estuviera esperando que avanzara San Martín por lo que había vivido. Y son pequeñas cosas que van haciendo un todo. En fin, fue algo psicológico.

-Salvando las distancias, es parecido a lo que vivió Quimsa cuando empezó a contratar tantos extranjeros. De hecho, Nicolás Romano reconoció que sentían lo mismo, que la gente quería que Quimsa perdiera.
-Tal cual. Mirá lo que llega a sentir uno que nosotros les ofrecíamos disculpas a ellos sin tener nada que ver. Te sentís involucrado porque sos parte del club, uno toma pertenencia por el club en el que juega, porque lo estás representando. Nos solidarizábamos con San Martín.

-Imagino que a esta altura de tu carrera debe ser algo que te indigna bastante más allá del básquet, ya mirándolo desde un punto de vista de la vida y lo social…
-Es durísimo. Yo tengo hijos chicos, 8 años la más grande y 6 los mellizos, tuve la suerte de vivir en muchos lados del mundo, y me duelen que pasen estas cosas. Mis hijos, llorando, me preguntaban “¿papá, por qué no podemos ir a la cancha?”. Y no entienden por más que trate de explicar. ¿Qué les decís, cómo lo explicás? El tema social que estamos viviendo es muy profundo y no pasa por el básquet o el deporte, es algo que va más allá de eso. Se ve reflejado y toma más dimensión en esto, pero es un tema social muy grande que hay que solucionar.

-Claro, incluso se decía “no hay que futbolizar el básquet”, pero va más allá de básquet, fútbol o el deporte que sea, ¿no?
-Sí, sin dudas. Va más allá de que el básquet se caracteriza porque la familia va mucho más que en otros deportes, sobre todo el fútbol. El tema social es muy grave, y estas cosas pasan a menudo. Eso es preocupante.

-Volviendo a lo deportivo, ¿cómo viste tu temporada desde lo personal?
-La divido en dos partes. Me lesioné en la pretemporada y eso me condicionó en los primeros partidos. Pero una vez que me puse a tono físicamente, necesitando ocho o diez partidos, creo que a partir de ahí mi temporada fue buena, con altos y bajos dentro de un año tan largo. Pero fue muy buena, y estoy contento porque físicamente estuve a la altura, porque el equipo fue otra vez protagonista dentro de una Conferencia tan dura como la Norte. Pude estar a la altura de conducir al equipo, y poder jugar 54 de 56 partidos, con la cantidad de minutos que jugaba, me dejó muy contento.

-Cada vez parece más una Liga para los jóvenes por el desgaste que genera. ¿Lo percibís, cuesta más para los de tu edad, o la preparación supera ese efecto?
-Yo no siento que me cueste jugar la Liga, no siento que me gaste físicamente, sino que es más mental. Sí creo que cuenta mucho tu preparación, el hecho de cuidar tu físico, el laburo invisible… Tener los planteles lo más largo posible también te ayuda a que tengas una buena rotación durante el año para no sobrecargar minutos. Pero, por ejemplo, nuestro equipo era uno de los más grandes de la Liga, y entre todos nos perdimos pocos partidos, y con jugados con una gran cantidad de minutos encima. Entonces creo que no tiene nada que ver la edad, sino el cuidado, tu trabajo invisible… Lo ves a Paolo Quinteros y está intacto. O al mismo tiempo ves a chicos que tienen 23, 24 ó 27 años y se pierden la mitad de la temporada. No va por la edad, sino por el cuidado de uno.

-De hecho, San Lorenzo, quizás el equipo más largo, sufrió por las lesiones en algún momento.
-Claro, y Bahía -con sus jóvenes- lo sufrió al final de la temporada por todo el desgaste que tuvo que hacer, la cantidad de partidos, viajes y sobrecarga de minutos. Cuando San Lorenzo tuvo que jugar con 6 ó 7 jugadores, lo sufrió. Y San Lorenzo es el mejor de la competencia. Para analizar, no diría que es una Liga donde la edad cuenta, los 56 partidos o las giras tampoco son un problema. Si tenés planteles largos, la podés llevar tranquilamente. Pasa más por una cuestión de fichas.

-Partiendo desde tu análisis. ¿Es la Liga que querés ver o te gustaría otras cosas o cambios?
-Yo escucho que todos los estamentos opinamos. Los dirigentes analizarán por qué hacen este tipo de Liga. Desde mi punto de vista, la cantidad de partidos no me afecta, pero sí buscaría -con la misma cantidad- quizás hacer dos campeonatos o ligas, porque veo que las fases regulares se hacen muy largas y todo el mundo pierde interés. O hay equipos que invierten mucho dinero y necesitan tener resultados. Y si en diciembre te va mal, ¿cómo la remontás en la Conferencia Norte para meterte en playoffs? No es fácil, no te da chances. O si tenés dos o tres meses malos por determinado motivo, no tenés chance y se te acabó el torneo. Quizá, con dos oportunidades, con renovar expectativas a mitad de temporada, ayuda a que los equipos sigan invirtiendo. O sino buscar más playoffs. Porque durante el año se hace difícil y hay partidos que pierden interés. A veces los entrenadores entrenan de más buscando algo en la semana y por más que llegues cansando al partido siguiente, porque saben que no es importante ganar o perder porque están pensando en el futuro.

-¿Y eso cómo se mira acá?
-Acá, si perdés cuatro y cinco partidos porque estás pensando en el futuro, ¿cómo lo explicás? Somos muy exitistas. Todos queremos ganar todos los partidos. Un entrenador puede analizar el darle descanso a los jugadores, pero al mismo tiempo debe pensar en ganar porque sino lo echan. No es fácil. Pero bueno. Todas las ideas que se puedan tirar con buena onda están bien. El otro día lo leía a Paolo y decía algo constructivo, y está bien. Todos tratamos de dar nuestra visión para construir y ayudar. Pero acá también vuelvo a lo de antes, a lo social. Estamos todo el tiempo a la defensiva pensando que el otro nos ataca, cuando en realidad uno está dando una opinión, con buena leche, sin mala intención. Lo feo es eso, tener que aclarar que uno lo hace de buena leche.

-En estos últimos años marcaste que seguías motivado y disfrutando, que eran los motores para seguir. ¿Se mantienen esas sensaciones para seguir jugando?
-Sí, cada día más. Hay algo que te das cuenta cuando lo vivís. Cuando te quedás afuera de un círculo, de tu círculo, te hace un shock porque decís “la puta, no me contrata nadie”. Entonces pensás en hacer algo porque ya no te alcanza más con lo que Dios te dio, con entrenarte un poquito y hacer lo que sabés hacer. Tenés que hacer algo más porque no te contrata nadie. Me pasó, como también a un montón de jugadores. Por ejemplo, Penka Aguirre estuvo unos años fuera de la competencia y hoy domina la Liga después de hacer un click. A mi me pasó eso. Nunca me había cuidado tanto ni le había prestado atención a ciertas cosas, o mejorado y cambiado algo que necesitaba para jugar. Lo que siempre hice fue cuidarme lo justo, sin hacer nada extra porque era joven y me alcanzaba con lo que tenía. Cuando me di cuenta de que no me alcanzaba más, me quedé afuera y tuve que hacer otras cosas. Cuando las hice, aprendí a disfrutar, porque me rompí el lomo para volver a estar y ganarme un lugar. Hoy disfruto todo más, disfruto jugarle de igual a igual a un pibe de 20 años, porque significa que lo que hacés o entrenás tiene su recompensa.

-¿Y el retiro es una palabra que está en tu cabeza?
-Siempre está. Soy un tipo que fuera del básquet trata de instruirse y aprender otras cosas pensando en el futuro. Pero lo que está claro es que no pongo una fecha. Cuando pase, pasará. Cuando llegue el día que sufra la pretemporada o el año, tomaré la decisión y me retiraré.

-Entonces no es una mala palabra. Para muchos, retirarse es un drama.
-Para nada. Me estoy preparando en un montón de cosas, soy un apasionado del básquet. No es que lo juego porque es mi laburo, es algo que me encanta. Y creo que ahí está la clave. Me retiraré cuando sea el momento. Hoy no siento que lo sea.

-En esas ganas de seguir seguro hay ambiciones también. ¿Qué te gustaría para la próxima temporada?
-Tengo contrato en Olímpico, los dirigentes me dijeron que quieren que siga y que Hernán (Laginestra, el nuevo DT) dio el OK. Pero yo no hablé con Hernán todavía, y quiero hacerlo para ver las expectativas que tiene con el equipo. Yo quiero seguir siendo protagonista, a mi me gustan los desafíos y si sigo en Olímpico es porque quiero seguir peleando arriba. Meter al club dos años seguidos entre los cuatro mejores de la Conferencia y luchar hasta el final para una definición en la Sudamericana, son cosas que nunca se habían logrado. Quiero ir de nuevo por eso, no quiero estar abajo. Me gustan los desafíos.

-¿Qué ves del base en el básquet actual?
-Primero hay que entender que cambió el básquet, hoy es todo más versátil. Hoy tenemos un tipo como LeBron (James) que juega las cinco posiciones. A partir de ahí, es lo que ve la gente y los chicos, y todos quieren hacer eso. Pero bueno, creo que el base de hoy en su mayoría son chicos talentosos, que tienen mucho juego en la mano y después se convierten en base, a partir de los años. Por ejemplo, lo que evolucionó (Facundo) Campazzo como base en los últimos años es impresionante. Lo nombro a él porque es el referente argentino hoy por hoy. Pasó de ser un tipo con unas condiciones tremendas en el uno contra uno y lo físico, y hoy lo ves jugar y juega de base más allá de todo eso, porque evolucionó en el control de ritmo, en el manejo de los tiempos, en pasar la pelota. Eso le va a pasar a los dos Vildoza, a todos. Hoy veo que el base se construye, no nace. El único base que creo que nació base es Gastón Whelan. Después, el resto se fue construyendo. Luca Vildoza es un talento enorme, es lo más parecido que vi a Lucas Victoriano en los últimos años. Y para mi Lucas fue impresionante, eh. Verlo jugar hasta los 20 años fue tremendo, fue el más talentoso que vi, por encima de Manu a esa edad. Después Manu fue lo que es hoy. Y a Vildoza lo veo muy parecido a él. Ahora tiene la chance en Europa de construirse en un gran base.

-¿Sentís que la base es una de las posiciones que más cubiertas tiene Argentina pensando en el futuro?
-Argentina siempre se caracterizó por eso, por tener buenos bases históricamente. Y siguen saliendo, los veo en la Liga de Desarrollo, que me gusta seguirla. El ADN argentino es el base. Es más, ya no tenemos tantos escoltas anotadores como teníamos y sí tenemos más bases.

-Esa falta de escoltas anotadores la marcó también Lucas Victoriano en una entrevista.
-Hoy lo tenés a Leo Schattmann. Por ejemplo, hace unos años se lo decía a Enzo Ruiz cuando lo conocí. Le decía que si se ponía bien y fuerte físicamente, y bajaba los kilos que le decía una nutricionista, se iba a cansar de ganar plata porque no hay tipos con esa mano hoy en día. No hay escoltas de ese estilo en la Liga. Otro ejemplo, cuando Luciano González dé el click, será uno de los mejores de la Liga en su posición. O ahora sorprendió lo de Eric Flor. Yo lo vi jugar desde chico. Tiene un talento tremendo y necesitaba un click. En Quilmes pudo hacer cosas que lo harán madurar y crecer. Cuando dé el salto de calidad, tiene que estar preparado para hacer otras cosas, pero tiene algo innato que no se encuentra hoy, ese talento, puntería, desfachatez, confianza. Hoy no hay chicos anotadores así.

-Vos sos parte de una generación que tuvo la “desgracia” de chocar con la Generación Dorada. ¿Cómo viviste esa parte de ser tapado por gente que hizo cosas históricas? Seguramente te hubiese gustado tener más oportunidades en la Selección, pero a la vez estaba la cuestión lógica de tener monstruos adelante.
-Obvio. Vos lo dijiste bien. Uno tiene que analizar y saber que tuve adelante mío a tres de los mejores bases de la historia, Alejandro Montecchia, Pepe Sánchez y Pablo Prigioni. Yo jugué nueve años en Europa, llegué a ser el segundo mejor pasador de la ACB entre medio de Marcelinho y Ricky Rubio. Y si bien era algo medio raro, al mismo tiempo era consciente de quiénes tenía adelante y de mis limitaciones físicas para jugar en ciertos niveles. Yo me sentía confiado, pero también están los gustos de los entrenadores. Uno tiene que analizar todo. Pichi Campana me dijo una vez que debía aprender que cuando me critican es porque el otro no ve lo que vos ves, no sabe lo que te dicen. Todos tienen su mirada y no debía mirarlo como personal. Eso lo tomo siempre como parámetro. Tuve monstruos adelante y les pasó a muchos de nuestra generación. Quizás, en otro momento y con ese currículum, hubiésemos estado más tiempo en la Selección. Pero estoy orgulloso de haber sido parte, de haber ganado los dos torneos que jugué, uno de chico y otro de grande. Y no se me dio más y no pasa nada. Tampoco se me dio la chance de entrenarme con el primer grupo, y me hubiese gustado.

-Fueron la “generación tapada”.
-Claro, fuimos el lado B (risas). Pero bueno, tuve mi chance de estar, cuando me tocó lo hice bien y me quedo con eso, no con lo otro. Yo analizo a quién tuve adelante.

-¿En qué situación pensás que se encuentra hoy por hoy el básquet argentino?
-Lo veo muy bien. Creo que la Confederación Argentina hizo un par de cambios y se está trabajando y tratando de darle mayor importancia a los chicos, con el tema del Plan Altura y demás. Todo se puede mejorar y perfeccionar, pero se está trabajando de otra manera, se sigue a los chicos de otra manera, conozco a los entrenadores que trabajan con los chicos y está bueno que estén los que se dedican realmente a ellos. El recambio será menos duro de lo que se creía, siempre entendiendo que estar entre los tres mejores del mundo durante diez años será casi imposible. Eso no fue lo lógico, no somos históricamente esa potencia. Nos tocó una generación de monstruos y ojalá se siga dando, pero hay que darle tiempo. El recambio está, los chicos que vienen empujando lo están haciendo bien. Y ojalá los menores que están asomando tengan la chance de entrenar y desarrollarse realmente para después estar listos para da el salto.

Leandro Fernández
@FernandezLea
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