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“Estando acá entendí por qué los argentinos ganan y tienen éxito”

Foto: FIBA.

En “La entrevista de la semana”, una larga charla para conocer a Anthony Johnson, pivote de Bahía Basket. El estadounidense de 29 años elogia al jugador argentino, habla de la situación de Bahía Basket, su estadía en el país desde el 2015, sus inicios, la chance de nacionalizarse y mucho más. 

-¿Cómo viste al equipo en esta primera etapa del Súper 20?
-Creo que la usamos más para conocernos a nosotros mismos, sobre todo porque hay muchos chicos nuevos y no tuvimos mucho tiempo en la pretemporada para hacerlo. Terminar segundos fue bueno, y ahora se vendrán más partidos para continuar con el aprendizaje.

-¿Qué clase de equipo ves ahora? Hay varios cambios respecto al del año pasado.
-El equipo del año pasado basaba mucho su ofensiva en lo que podíamos hacer Lucio (Redivo) y yo, pero este año tenemos muchas más armas. Llegó Parodi, Maxi (Fjellerup) está jugando mejor, más allá de que ya había terminado jugando en gran forma la campaña pasada. Llegaron Gonzalo (Iglesias), Dani (Bordignon), quien está empezando a jugar después de su lesión. Muchos mejoraron durante el receso. Es un grupo diferente, y tenemos muchos más jugadores que el año pasado.

-Uno de los cambios es que ya no está Redivo en el equipo, y me dijeron que era como un hermano para vos, ¿Es así?
-Sí, todavía es como un hermano. Cuando lo conocí, sabía que nos iba a tomar un tiempo estar en la misma página en cuanto al juego, en cuando a confiar en el otro. Los dos somos competitivos y lo único que nos importa es ganar, entonces nos entendimos un montón, sabiendo que debíamos confiar en el otro. Sabíamos que si jugábamos bien, nuestro equipo iba a estar en la misma dinámica.

-¿Es cierto que te hizo hincha de Pacífico?
-Sí, claro. Cómo no va a hacerlo si es mi hermano (risas).

-¿Pudiste ver sus partidos ahora que está en España?
-Sí, miré algunos. Vi que lo está haciendo bien y no me sorprende, porque trabaja duro todos los días. Él siempre seguirá yendo hacia adelante, sin importar lo que pase o quien esté enfrente.

-Llegaste a Argentina a fines del 2015. ¿Por qué elegiste a la Liga Nacional y qué pensabas en ese momento?
-Fue una decisión difícil. Muchos me habían contado de la liga de Argentina, pero solía ir a Venezuela. Pero en aquel momento, mi madre no vio con buenos ojos que vaya hacia allá, porque se suponía que estaba pasando por un momento peligroso de acuerdo a lo que se veía por las noticias, se veía muy mal. Le dije a mi agente que no quería ir, y él me ofreció la chance de Argentina, me contó de Bahía Basket y de Pepe (Sánchez), Puma (Montecchia), Sepo (Ginóbili)… Recordaba a Pepe y al Puma de cuando ganaron la medalla dorada en los Juegos Olímpicos, entonces no lo dudé.

-Ahí en Bahía tenés muchos lazos sobre aquella Generación Dorada que recordabas. ¿Es especial estar rodeado de ese tipo de gente?
-Sin dudas. No siempre tenés una chance así. Estados Unidos ganaba siempre, y estar rodeado de los chicos que le pudieron ganar a Estados Unidos es muy especial. Y así te das cuenta de por qué pudieron ganarle. De hecho, todavía son muy competitivos.

-¿Y por qué pudieron ganarle, lo descubriste?
-Recuerdo que jugaban extremadamente bien juntos, y te dabas cuenta de que eran como hermanos. Es fantástico verlos estar juntos, y ahora entiendo lo duro que trabajaron, lo profesionales que fueron y que es su liga. Esta es una de las ligas más placenteras en las que me tocó jugar.

-¿Qué conocías de nuestra competencia apenas llegaste?
-No mucho, sinceramente. De hecho, no miro mucho otras ligas salvo que tenga a algún amigo ahí o me toque jugarla. Sí sabía que acá son todos muy competitivos. Honestamente, no imaginé que iba a mantenerme tanto tiempo. Fue un capítulo nuevo y diferente para mi. Había entrado en una rutina de jugar hasta febrero en Uruguay y después ir para Venezuela, entonces esto era diferente. Pero todos me decían que, una vez que fuera a Argentina, no me iba a querer ir. Y, honestamente, llegar a Bahía fue genial. Todos pensaban que me iba a ir después de mi primer año, pero acá me siento como en casa. Es una gran organización, una gran dirigencia. Es un gran lugar para estar.

-¿Te llegó esa sensación de no querer irte de Argentina ahora que la conocés?
-Sí. Obviamente que uno puede ir a cualquier lugar en el que le paguen. Pero soy una persona que ama el juego, la competición, no puedo tomarme días libres. Estando en el peor o en el mejor equipo, todos los jugadores irán por vos, y amo eso de que no haya días libres, el preparar cada partido, mirar videos, aprender diferentes cosas. Y acá puedo disfrutar eso, esa competencia. Por ejemplo, hoy está San Lorenzo que parece que va a ganar todos los partidos. Pero así como está San Lorenzo, está el resto y todos compiten. En definitiva, amo la naturaleza competitiva que existe en Argentina. Todos esperan que ganes.

-En ese contexto de competitividad, vos sos uno de los mejores pivotes de la competencia. ¿Te sentís así?
-Honestamente, pienso que soy el mejor pivote de cada lugar al que voy. No es porque sea demasiado confiado, sino porque trabajo muy duro. Siempre quiero ganar, amo esa sensación y me tomo muy mal la derrota. No importa el juego, el día, si es una práctica. Quiero ganar todo. Y para eso tengo que trabajar duro, mirar videos… Cuando miro a los otros pivotes, pienso que tengo que ir contra ellos. No sólo por mí, sino porque mi equipo depende de eso. Es genial que la gente me elogie, pero yo sólo quiero continuar mejorando. Y estar acá en Bahía está llevando mi juego a otro nivel. Llegué con algunas cuestiones mejoradas en cuanto a ser profesional, pero acá fue otra cosa. Acá todos esperan mucho de mí, y eso me da algo por lo que jugar y luchar día a día. O, por ejemplo, puedo ponerme a trabajar con Pepe (Sánchez) y Pancho (Jasen) y que me muestren cosas que no veo. Con lo que te rodea acá, es difícil no ser bueno. Tenés todas las herramientas para serlo.

-También está claro que estás en un equipo que basa muchas cosas en el desarrollo de jugadores jóvenes. De hecho, los “grandes” son vos y Jasen. ¿Cómo es esa situación, cómo la tomás?
-Es mucho más fácil de lo que la gente piensa, al menos para mí. Yo soy uno de los mayores, pero tengo a todos esos chicos alrededor. Y son jóvenes que quieren ser grandes, y eso hace las cosas más fáciles. Los miro y me recuerda a cuando yo era joven. En ese momento, todos queríamos ser el mejor. Y en este equipo veo esas mismas ganas y ese amor por el juego. No importa si perdemos o ganamos, siempre vamos a ir a dar lo mejor. Entonces, todo es más fácil. No se trata de egos ni nada por el estilo, sino de amor por el juego y ganas de mejorar.

-¿Y qué pensás de la situación de jugar con muchos extranjeros? Los nacionales tienen una posición clara, pero está bueno tener la otra parte de la opinión.
-Como extranjero, no me importa tanto si hay muchos o pocos. Acá son tan competitivos que podés tener muchos extranjeros y no importa. Se trata de jugar duro y competir. Personalmente, pienso que está buenísimo para todo jugador que pueda tener un trabajo, porque todos deberían poder ganar su dinero y alimentar a sus familias. Entonces miro esa parte, no la decisión. Además, como me importa ganar, no me importa si somos cinco extranjeros o cinco chicos. Quiero ganar.

-Quiero ir hacia atrás en el tiempo. ¿Cómo empezaste a jugar al básquet?
-Al comienzo empecé por diversión como la mayoría de los chicos. Cuando llegué a la secundaria, el entrenador me dijo que podía hacer mucho dinero de manera profesional. Y ahí es como que se convirtió en lo mío. Y desde ahí es que nunca más salí de un gimnasio o un lugar para entrenarme. Dejar de jugar por diversión y hacerlo como profesional me dio el amor por el gimnasio, por el trabajo, por mejorar. Todos los días son diferentes y se pueden trabajar muchas cosas. Y además me mantiene ocupado. Yo no soy una persona que salga mucho, sino que prefiero quedarme en mi casa, relajarme. Entonces el gimnasio se convirtió en ese momento en algo para mantenerme alejado de los problemas. De donde era, se hacía difícil salir de la ciudad. Tenía muchos amigos que hoy están en prisión. Y el gimnasio me mantuvo alejado de eso.

-¿De dónde sos?
-Lake Wales, Central Florida.

-¿Cuántos años tenías cuando empezaste a jugar?
-Era muy joven. Recuerdo que tenía un aro en un árbol, y ya desde ahí tenía mi naturaleza competitiva, odiaba perder. Jugaba con mis primos o con cualquiera.

-Dijiste que era difícil crecer en tu ciudad. ¿Viviste alguna situación complicada?
-Tuve los problemas comunes que te podían complicar cuando eras un chico, pero nada serio. Fui bendecido por tener a mi familia alrededor, o gente que me prevenía de meterme en problemas. Gente que tenía los mejores intereses por mí y me ayudaron. Tuve esa suerte y la de crecer con la pasión de amar lo que empecé a hacer, eso de meterme en un gimnasio.

-¿Y en qué momento te diste cuenta que podías hacer una carrera?
-A partir de los 13 ó 14 años. Y fue genial porque Amare Stoudemire (NdeR: ex figura de la NBA) es de mi ciudad, y él era como el ejemplo de decir “él lo logró, yo también lo lograré”. Y con otros amigos que jugábamos nos presionábamos para mejorar y crecer.

-¿Tus sueños en ese momento eran los de todo chico de allá, los de llegar a la NBA y triunfar allí?
-Honestamente, en ese momento pensaba más en cómo llegar a tener la universidad paga. Una vez que entré sí, vino la parte del gran sueño de la NBA y demás. Pero nunca fue una obsesión. Y cuando tuve unos problemas en mis pulmones en mi tercer año en la universidad, ahí entendí que quizás tenía que mirar al exterior. Además, mis entrenadores tenían una mente abierta. Así que para mí nunca fue esa pasión por llegar, sino más en ayudar a mi familia, en jugar el deporte que amo y en poder cambiar la vida de mi familia. Además, simplemente quiero jugar, no importa donde.

-¿Por qué elegiste el básquet? Sobre todo pensando que tenés un hermano que se enfocó en el fútbol americano.
-Él también lo jugó desde chico, era lo importante en mi ciudad. Yo estaba bien con ese deporte, pero no era para mí. No lo amaba, y del básquet me enamoré apenas empecé. Así como amo el hecho de poder mejorar siempre. Esa es la parte que más amo, es uno de los pocos deportes que año a año te permite ser mejor en distintas cosas. Mirá a LeBron James. Es el mejor del mundo y sigue mejorando.

-Eso de mejorar constantemente es algo que pregonó la Generación Dorada y que seguro en Bahía Basket te lo transmitieron…
-Sin dudas. Y siempre tuve esa obsesión personal. Quiero agregar todo el tiempo diferentes cosas a mi juego. Y acá me pueden ayudar para hacerlo, incluso con las cosas más simples que yo no imagino, o cuestiones mentales de preparación, cosas en las que creo que soy bueno pero que así y todo me llevan a mejorarlas.

-¿Y qué me podés decir de la vida en Argentina, qué te gusta o no?
-Acá aman estar juntos, hacer cosas juntos como asados, compartir. Y en Estados Unidos necesitás un evento grande para que eso pase. Esa parte la amo. Pero sinceramente no pude salir, recorrer y conocer mucho más allá de lo que me pudo acercar el básquet. Soy una persona que está mucho en su casa, que quiere estar tranquila afuera de la cancha. Pero sí me doy cuenta de que Argentina tiene gente genuina y que ama el deporte.

-Mencionaste el asado. ¿La comida de acá no te llama?
-Mientras me den pollo y arroz, yo estoy bien (risas). Probé el asado y la carne, está buena. Pero estoy contento con el pollo y arroz.

-¿Mate? ¿Fernet?
-No, no. No me gustan. Tiene buenas aguas saborizadas en tu país, eso te lo puedo garantizar.

-En algún momento sonó que estabas haciendo los papeles para representar a la selección de Uruguay. ¿Sigue siendo una chance?
-Realmente no lo sé. Pero no creo que vaya a pasar. Pero quizás puedo jugar para Argentina (risas).

-¿Alguna vez lo pensaste de verdad? Tus condiciones para la nacionalización pueden darse.
-Sí, estoy abierto a esa posibilidad. Es algo que se puede hablar más tarde. Ahora está todo en el aire, y yo no puedo controlarlo. Yo estoy enfocado en Bahía y es bueno.

-Digamos que Sergio Hernández decide llamarte. ¿Qué pensarías?
-Si lo dice, definitivamente estaré ahí. ¡Y podría jugar con Lucio de nuevo! Pero, realmente, ustedes tienen grandísimos jugadores. Y estando acá entendí por qué los argentinos ganan y tienen éxito. De hecho, sus bases son tremendos. Campazzo es increíble, lo vi durante la AmeriCup. Es uno de los jugadores que siempre querrías tener de tu lado. Es otro ejemplo de lo que significa el trabajo en este deporte. No importa tu altura, si trabajás podés tener éxito.

Leandro Fernández
@FernandezLea
prensa@cabb.com.ar
@cabboficial

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