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“Era un desafío que me interesaba por su dificultad”

Foto: LNB.

Nicolás Casalánguida es el nuevo protagonista de “La entrevista de la semana”. El entrenador cuenta todo sobre su reciente llegada a un Atenas con la ambición de volver a los primeros planos, analiza los motivos que lo llevaron a tomar el reto en esta etapa de su carrera, valora su reciente paso por Obras y recuerda su estadía de varios años en la Selección: “Soy un privilegiado por haber estado ahí durante tanto tiempo”.

-Imagino que el cierre de esta primera etapa del Súper 20 trajo mucho alivio por esas dos victorias y crecimiento, ¿no?
-Sí, estamos mucho mejor. El equipo fue evolucionando después de aquella intoxicación que nos agarró en el primer partido en Salta. El plantel se debilitó y estuvimos varios partidos consecutivos sin estar en las condiciones normales para competir. Poco a poco fuimos evolucionando, algunos jugadores que perdieron peso lo recuperaron, pudimos volver a entrenar con normalidad y el final de esta etapa fue mejor. Ahora estamos esperando los playoffs, pero lo más importante es que pudimos recuperar sensaciones después de un inicio adverso, que sobre todo nos dolió porque habíamos hecho una pretemporada muy buena, con tiempo y buenos partidos amistosos. Pero también somos conscientes de que una adversidad sorteada nos va a fortalecer como equipo para el futuro. Somos optimistas de cara a lo que viene.

-¿Te preocupaste en esa mala racha, o el tipo de torneo y contexto permitía estar tranquilo?
-Sinceramente no nos preocupó en demasía. Obviamente que a nadie le gusta perder y menos entrar a la cancha sabiendo que estás con menos posibilidades de competir que el otro equipo. Había jugadores, como (Nicolás) Romano contra Quimsa, que quisieron jugar el partido con fiebre, pero estaba con molestar y terminó internado. Cuando vos tenés jugadores ausentes, algunos con cuatro o cinco kilos menos y otros que se tienen que ir a poner suero para que se cuerpo vuelva a la normalidad, es hasta lógico perder así. Y la verdad es que no nos preocupó, esperábamos recuperarnos, sabíamos que el equipo estaba bien antes de empezar el torneo y que lo íbamos a recuperar. Así fue, cuando estuvimos completos y en buena forma, volvimos al nivel que considerábamos que podíamos tener. Quedó como una anécdota aquello, más allá de que todavía estamos en recuperación porque cuesta volver de un problema así.

-¿Qué te encontraste en Atenas?
-Me encontré con un club golpeado por el último tiempo, por los resultados del pasado inmediato; con un presidente que anhela volver a tener un equipo que vuelva a contagiar a su afición, que quiere volver a tener un equipo competitivo y que desea tener armonía deportiva en la temporada; un club de una rica historia y un paladar de básquet interesante y exigente, además de estar golpeado y sabiendo que ha perdido tolerancia ante los malos momentos y tienen una búsqueda marcada de mejores resultados. Eso me lo han transmitido, quieren un equipo que vuelva a competir y ser protagonista, pero sobre todas las cosas que sea un equipo que vuelva a generar sentido de pertenencia en la afición de Atenas. Y me encontré un manager como Bruno Lábaque con mucha energía, nuevo en la función pero muy deseoso de transformar la realidad actual de Atenas, de modernizar el proyecto. Por eso se incorporaron seis personas al staff, se cambiaron las formas de elegir el equipo, el método de trabajo… Es una muestra clara de que hay una búsqueda de cambio real.

-¿Qué descubriste desde adentro que no imaginabas así desde afuera?
-Percibo que es una institución sumamente competitiva. Jugar un amistoso, un torneo de preparación o esta instancia del Súper 20 se hace con un instinto competitivo altísimo, y se quiere que el equipo esté en los primeros planos. Lógicamente, uno entiende que hay etapas de construcción, el equipo es nuevo y todos necesitan un periodo de desarrollo para constituirse como tal, pero también es una linda sensación. Esa ambición deportiva, esa búsqueda de torcer la realidad, es lo que me atrajo para unirme al proyecto. Si bien creía que podía ser una institución que anhelaba tener un equipo competitivo, desde adentro percibo que hay mucho básquet, mucho deseo de volver a tener equipos protagonistas. Son conscientes de que la última etapa ha sido muy dura y que el club necesita modificar cosas para volver a ser competitivos.

-En ese contexto de ambición, ¿qué significó para vos el llamado de un club tan grande para recuperar su lugar entre los de arriba?
-Atenas es el club más ganador del básquet argentino y han pasado grandísimos jugadores y entrenadores que han conseguido títulos internacionales. Es una dirigencia, institución y afición con mucho conocimiento del básquet. Y por eso hay un plano de exigencia para con el entrenador que es lógica y vine decidido a asumirla. Para mi era una situación buscada el estar en una institución que tenga interés y deseo de volver a luchar entre los protagonistas. Es un placer conducir a Atenas, es un equipo que he observado, que ha dejado muchas cosas en el básquet argentino. Tener la posibilidad de conducir a esta institución, intentar reflotarla deportivamente, es un desafío inmenso y por eso estoy tan a gusto con la situación. Da mucho placer y estoy disfrutándola. Es una presión que se disfruta.

-¿Cómo catalogás este desafío de poner a Atenas nuevamente en la pelea?
-Todos los años uno se inspira o se intenta reciclar con diferentes objetivos. Pero sin dudas que este desafío es inmenso, o es uno de los más grandes. Quizás suena a muletilla, pero sin dudas que siento que es así. Es mi décima temporada como entrenador principal, y que Atenas, después de años de no conseguir objetivos deportivos, se enfoque en uno para volver a ser, es reconfortante. Lo tomo con mucho respeto, por todo lo que hizo la institución y por lo que sigue haciendo. Esperamos que los cambios realizados con todo el equipo de trabajo, que es muy sólido, lleve a la mejora en la línea deportiva.

-Más allá de marcar que es una presión que se disfruta, ¿cómo juega en tu cabeza el hecho de que la paciencia quizá no es una de las mayores virtudes en este camino, que sí busca el resultado? Es un desafío que exige eso, y se sabe lo que puede pasar en un club si no llegan.
-Lo tengo muy claro. Antes de decidir venir a Atenas, hice el análisis. En los últimos cinco años pasaron 13 entrenadores, y eso habla un poco de la necesidad de resultados a corto plazo, de la exigencia y de no haber encontrado un camino que les permita tener paciencia y tolerancia para atravesar las adversidades. A pesar de ello, consideré que era un desafío que me interesaba por eso mismo, por su dificultad. Cuando uno enfrenta desafíos difíciles, se motiva más, te inspira y exige. Estoy en una etapa de mi carrera en la que tengo el deseo de tomar desafíos importantes, no de sostenerme en lugares donde la exigencia sea baja. Soy un convencido de que la exigencia, a los entrenadores o jugadores, les genera evolución y mejoría. Hace un tiempo que estoy buscando que me exijan como entrenador para ser cada año mejor. Lo más importante es el objetivo colectivo de la institución, pero también como entrenador, tomar la decisión de venir a Atenas genera una exigencia que va a provocar una evolución en mi conducción como entrenador.

-Metiéndose un poco en tu carrera, se puede decir que venís de un paso por Obras que, por primera vez, resultó ser un proyecto corto comparado a los demás que afrontaste.
-Sí, fue algo particular. Venía de nueve años en Gimnasia de Comodoro con distintas funciones, de cinco en Corrientes con Regatas y sólo fueron diez meses en Obras. Pero siento que uno como entrenador tiene que aprender a conducir distintos proyectos y ser útil para distintos desafíos. A pesar de que fue una temporada de solo diez meses y que no se continuó con el proyecto más allá de tener una vinculación contractual, yo creo que Obras es una institución de lujo en cuanto a los condiciones que le brinda al cuerpo técnico para trabajar, y mi paso por Obras me generó mejoría. Siempre intento ver la parte positiva de las temporadas, y obviamente que el objetivo inicial que teníamos y que el presidente nos marcó, que era generar talento y desarrollar y afianzar a los jugadores de la cantera, en gran medida se cumplió.

-¿Y qué faltó?
-Lo que no pudimos fue insertarnos entre los mejores de la competencia, y sin duda eso nos hubiese gustado. Pero mientras más pasa el tiempo, más me convenzo de que fue un paso positivo, y de que a pesar de no haberse podido sostener por diversos motivos, se hizo todo lo posible. Lo dejo como un buen paso más allá de haber sido corto. Obras es una institución modelo en cuanto a condiciones de trabajo para los profesionales, de búsqueda de afianzar un proyecto.

-¿Cuál es la enseñanza puntual desde lo individual que sacás de tu paso por Obras?
-Que uno, como entrenador, debe tener la capacidad para desempeñarse en los objetivos que anhelan las instituciones. Fuimos trabajando con siete jugadores formados en la cantera durante gran parte de la temporada, con uno de los planteles más jóvenes de la Liga… La tendencia en el básquet internacional marca que los clubes, por cuestiones financieras y de identidad, buscan generar talento en sus jugadores jóvenes. Obras está atrás de eso modelo, y para mi era un desafío para incursionar. Si bien he tenido equipos donde le he dado mucha participación a los jóvenes, este era un desafío distinto en ese sentido. Había siete canteranos entre los 12 del plantel, y algunos alternando como titulares y con protagonismo real. Eso fue una enseñanza de la que lógicamente, a lo largo de los diez meses, uno saca cosas positivas y negativas. Seguramente hemos cometido errores, en eso también soy muy autocrítico, y sé que debo haber cometido errores en un proyecto de tantos jóvenes, pero siempre con el anhelo de cumplir los objetivos institucionales que se plantearon en un principio. Eso es lo que más me dejo, el sostener un equipo en la alta competencia con jugadores en su mayoría formados en el club. Intentamos meternos entre los protagonistas pero no lo pudimos cumplir.

-Cambiando de tema. Fuiste parte importante de la Selección en estos últimos años. ¿Se extraña un poco no estar involucrado en este momento?
-Se extraña, siempre se extraña. Uno ve los partidos con un poco de nostalgia, pero también soy agradecido a las oportunidades que he tenido. Desde el año 2009 estuve vinculado a la Selección en distintos proyectos y equipos, en mayores y también en menores. Fueron oportunidades y aprendizajes que me han marcado en mi carrera. Lógicamente que se extraña, uno forma parte del cuerpo técnico durante muchos años, en los que pasaron muchos torneos, vivencias, viajes, partidos. Hay relaciones que uno va formando con jugadores, cuerpo técnico y la gente vinculada a la organización… Son muchas experiencias vividas que las recuerdo con mucho afecto y respeto, sabiendo que soy un privilegiado por haber estado durante tanto tiempo en la Selección, por haber podido aportar un granito de arena al funcionamiento del equipo y por formar parte del proyecto en sí mismo. Lo miro de esa manera.

-¿Qué viste del equipo en este último proceso, que de cierta manera fuiste parte de lo que fue la renovación, ya que dirigiste y le diste rodaje a varios?
-Te soy sincero, me siento parte. A pesar de no estar físicamente dentro de los equipos y de la organización en estos momentos, me siento parte. Porque se ha mantenido gran parte del cuerpo técnico, porque se han desarrollado jugadores a los que hemos apostado desde categorías menores para que tuvieran rodaje y se inserten en la Selección mayor. En torneos Sudamericanos o Panamericanos hemos decidido por jugadores pensando en su desarrollo o evolución para que en algún momento se los pueda insertar en la mayor, porque sabíamos que teníamos la renovación tan necesaria. Son trabajos que se fueron haciendo que hoy empiezan a dar sus frutos, y lo miro con mucho placer. Uno pudo colaborar de alguna manera para que la Selección Argentina tenga hoy este presente, que es muy bueno, con un grupo de jugadores que muchos años de proyección y ya varios insertados en el plano internacional, en equipos de máximo nivel en NBA o ACB. Eso es algo que se fue trabajando progresivamente. Y todavía siento que uno puede colaborar para el básquet nacional desde el lugar a donde le toca.

-¿Cómo podrías?
-Hoy trabajo en Atenas y no formo parte de la Confederación ni de selecciones, pero siento que nosotros tenemos responsabilidades para con el básquet argentino. Hoy entreno con un Joaquín Lallana de 2.17 metros, y para mi es un proyecto nacional. Si bien no estoy adentro, sé que el trabajo que hagamos día a día también puede beneficiar a la Selección Argentina. Esa es la manera que estando en la Selección consideré que había que pensar para la forma de trabajar en el básquet del país, y estando desde afuera lo sostengo. A pesar de no estar adentro, uno busca hacer lo mejor desde el lugar que le toca para que a la Selección le vaya bien, sea desarrollando un jugador o ayudando a alguien que es parte de los procesos. Esa es la mejor manera en que uno puede colaborar.

Leandro Fernández
@FernandezLea
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